Vistas de página en total

viernes, 15 de mayo de 2020

Diagnósticos: bases de cambio para mejorar las producciones. 25 de Mayo, San Juan


Variedades: Cereza, Pedro Giménez, Sultanina, Flame Seedless y Fiesta

Observaciones y recomendaciones
En general, la finca se observa con alto potencial productivo; sin embargo, sus suelos son pesados, hay signos de salinización relacionados con un mal manejo del agua de riego y la mayoría de los viñedos muestran signos de envejecimiento derivado de criterios de poda sin renovación. Se establece un potencial productivo de 1.000.000 kg para la finca (30 ha cultivadas), como una meta a alcanzar haciendo mejoras.

Cereza y Pedro Giménez. Estos cuadros son los que mayores signos de decrepitud muestran. Se debe armar un plan de reconversión (de 5 a 10 años), e ir arrancando e implantando a una tasa de 1 cuartel/año o 1 cuartel/2 años. Esto está ligado a la capacidad de inversión (se recomienda calcular una evaluación de inversión). Se debe iniciar la reconversión productiva por los cuarteles que se encuentran en punto de corte (ingreso=costo). Para ello se debe analizar las producciones de todos los cuarteles y determinar el orden en el que serán repuestos/eliminados.

De esta forma se podrán generar tres criterios:
I) Cuartel a levantar/arrancar de modo inmediato: criterio de manejo de mínimo costo y máxima extracción, haciendo podas a pitón (máxima cantidad de pitones por bracero – menor costo de poda), sin realizar sin ningún tipo de renovación.
II Cuartel a arrancar en el mediano plazo: también se debe aplicar un criterio de máxima extracción; sin embargo, es conveniente hacer una regulación de la carga (yemas/planta a dejar), según la capacidad de productiva.
III Cuartel a arrancar en el largo plazo: bajo el mismo esquema de mínimo costo, se puede aplicar un criterio de podas mixtas y regulación de carga con una renovación mínima (eliminación de un bracero enmaderado y mal ubicado por año con redistribución de elementos de carga en el resto de los braceros).

Se observan parcelas que, aún envejecidas, muestran signos de vigor, por lo que su capacidad productiva ligada a un buen manejo del suelo y el riego pueden aumentar a un nivel casi normal (35 a 40 t/ha).

Rebrotes. Se observan brotes con crecimiento activo. Esto indica que existe un desequilibrio y una pérdida energética para la planta. Los brotes no deben crecer en el otoño y la planta debería estar transportando sustancias de reserva hacia el tronco y las raíces. Estos nuevos crecimientos, no alcanzarán a madurar y se necrosarán (se pasman), con la primera helada. Se recomienda ajustar la fertilización, regular el riego y regular la poda para equilibrar la planta.

En todos los casos recuperables o de largo plazo, la cruz debe quedar libre para permitir el ingreso de luz y aire. Sólo se debe dejar hasta un pitón por bracero, si es necesario y si está bien ubicado (horizontalizado y hacia afuera, nunca hacia arriba y/o hacia adentro).
  
Sultanina. Se trata de un cuartel envejecido con pocas probabilidades de recuperación. Es una variedad temprana por lo que hay que hacer podas tardías y largas (cargadores de 12-14 yemas), para reducir el riesgo de daño por heladas tardías. Se recomienda un esquema de costo mínimo hasta su arrancado.

Flame Seedless. Estas plantas muestran buen vigor y un comienzo de procesos de enmaderamiento por malas podas. Hay que hacer renovación y regulación de carga.

Fiesta. En este caso, las plantas presentan excelente expresión vegetativa. Sin embargo, a diferencia de Flame Seedless, estas no poseen fertilidad de yemas basales, por lo que son propensas a daños por heladas tardías (la zona es fría). Hay que hacer podas de rejuvenecimiento (eliminación de un bracero por año), podas largas (hasta 15 yemas), regulación de carga según peso de poda (de 35 a 40 yemas por kilogramo de madera del año) y podas tardías (mediados de agosto.

Importante: para evitar que se envejezca la planta se debe eliminar un bracero enmaderado por planta y por temporada, redistribuyendo el elemento de carga en los restantes braceros. A su vez, se debe tratar de que los elementos de carga se aproximen a la cruz (seleccionar los que estén más cerca).  Siempre son preferibles sarmientos dorados de yemas globosas.

Cambios en el manejo
Manejo del suelo. Se realiza una labranza tradicional (arado a los cuatro vientos), en temporada de primavera-verano. Dado que se trata de suelos pesados, esto no es conveniente porque favorece la compactación del suelo y formación de pie de arado. Recomendaciones: se debe aplicar un criterio de labranza mínima, con agregados de materia orgánica (monte, orujo, guano, entre otros). La labranza se debe restringir al otoño-invierno. Las labores de primavera-verano se relacionan con pulverizaciones y control de malezas o fertilizaciones, únicamente.

Labranzas de otoño-invierno factibles para incorporación de materia orgánica
1 Subsolar melga por medio año por medio (en invierno), hasta 1 m de profundidad (regla: potencia de tractor 1 HP/cm); por lo que se necesita un tractor de 100 HP o más de una pasada en la misma línea hasta alcanzar 1 m de profundidad. Luego, con zanjeador, garantizando 60 cm de profundidad, hacer agregado de materia orgánica.
 2 Hacer hoyos con hoyadora de 90 cm de largo y 30 cm de diámetro. Dos hoyos por planta en la melga o en la hilera, a 60 cm desde el tronco. Los hoyos deben ser rellenados con materia orgánica (guano, monte, orujo agotado o una mezcla de ellos, siendo ideal el guano de cabra).
3 En una plantación nueva, en la melga y nunca sobre la hilera, se debe garantizar 1 m de profundidad para el crecimiento de la raíces. Por este motivo se recomienda en uso de subsolador a 1 m de profundidad en todas las melgas y cruzado. Esto romperá capas compactadas, caliche, pie de arado y facilitará el drenaje.
4 En todas las plantaciones nuevas se recomienda hacer una calicata para evaluar las labores de suelo y solucionar, antes de la plantación, posibles problemas en profundidad.

Estado fitosanitario. Se observan hojas con signos de peronóspora en estado detenido. Esto se asocia a una densa cobertura de la canopia, alta humedad en el interior del parral y poca aireación. El inóculo (esporas del hongo), quedará en la hojarasca del suelo. Por este motivo hay que estar atento a las condiciones climáticas del siguiente ciclo vegetativo y realizar un tratamiento fitosanitario temprano y específico para esta enfermedad, con un producto sistémico. Se debe respetar la dosis (siempre expresadas por hectárea), conocer el volumen erogado (l/ha de agua) y hacer las aplicaciones en los momentos oportunos (máxima vulnerabilidad de la enfermedad).

Riego deficitario. Hay, en toda la finca, signos de intoxicación con cloro (margen necrosado de la hoja y/o hojas secas que se caen, quedando sólo el pecíolo), y boro (puntos negros que se acumulan en el margen de las hojas). Esto se relaciona con un riego deficitario (frecuencia o lámina de riego insuficiente) o la falta de un requerimiento de lixiviación (lavado). También esto se asocia a vueltas de riego superiores a 30 días y unidades de riego de gran tamaño. Se recomienda: cambiar la distribución del riego (en la actualidad es a manto o por inundación) y reducir el tamaño de las unidades de riego abordando todas melgas y/o hileras. Además, hay que hacer un control en los niveles, ya que se detecta un riego en contrapendiente desde la acequia principal en el centro del cuartel (riego hacia ambos lados).


Figura 1. Formas de armar bordos para sistematizar el agua de riego, aumentando la eficiencia de aplicación.

Importante: para facilitar la maduración de los sarmientos, es necesario programar los riegos para que finalicen a comienzos de abril, obligando a la planta a detener su crecimiento y, así, evitar que quede agua en el tronco lo que puede provocar la muerte de la planta.

Importante: de continuar con los riegos seguirá circulando la sabia y, llegada la primera helada, podrá quedar agua en el tronco que por congelación lacerará el floema (tejido vivo de conducción de savia elaborada). De ocurrir esto, la planta podrá tener dos consecuencias: muerte parcial de la parte aérea con lenta recuperación y/o muerte total de la parte aérea con rebrote desde la base en la siguiente estación de crecimiento.

Manejo de malezas. Durante primavera-verano no se debe usar rastra/arado para el control de malezas. Esto se debe a que cada vez que el tallo de la cañota es cortado genera nuevas plantas, agravando el nivel de infestación (una de las principales malezas observadas). En esta época se puede hacer control de malezas con productos sistémicos y selectivos. Es un momento de alta eficiencia porque la planta traslada el herbicida hacia sus órganos de reserva subterráneos, garantizando su muerte. Sin embargo, no se puede aplicar herbicida en la situación actual (1,5 m de altura de cañota y otras), sin antes usar una desmalezadora, no rastra (agrava el problema). Para el siguiente ciclo productivo de debe armar un programa de control de malezas con herbicidas sistémicos que contemple, por lo menos, cuatro intervenciones por cuartel, comenzando en septiembre y/o 10 cm de altura de malezas. Se pueden combinar drogas para control de cañota y amor seco. Ya que se posee maquinaria, el control de malezas es factible. Un control tardío (malezas de 15 a 20 cm), aumenta el gasto en herbicida y el tiempo operativo.
Herbicidas sistémico para hoja angosta (cañota y chipica): haloxifop metil (dosis 3 l/ha); quizalofop etil (dosis 3,5 l/ha). Regular el gasto de agua a 200 l/ha. Se puede mejorar la eficiencia de la aplicación bajando el pH de la solución (uso de ácido fosfórico 20 ml/100 l de agua).
Herbicidas no selectivo defoliantes: paraquat (dosis 3 l/ha). En este caso, se debe tener cuidado de que no haya deriva.
Herbicidas sistémicos: MCPA 28% (dosis 1,5 l/ha). En este caso, hay que tener precauciones extremas ya que se trata de un herbicida de acción hormonal con alta volatilidad, por lo que no debe aplicarse con viento; de haber deriva, ocasionará lesiones en la vid. La combinación de este con glifosato (dosis de 2 a 6 l/ha según la infestación), es efectiva cuando en el cuartel hay una mezcla de diferentes especies: cañota, chipica, cardo, amor seco y suspiro.
Cuando la maleza pasa los 30 cm de altura o más, se recomienda primero segar con desbrozadora (desmalezadora) y luego aplicar el herbicida; así aumentará la eficiencia de aplicación reduciendo la cantidad de caldo a emplear. Durante la primavera verano, es factible formar un mulch vegetal y realizar control de malezas con desbrozadora, teniendo en cuenta que la capacidad de trabajo máxima de la máquina es de 0,5 ha/h a 0,3 ha/h. Con este valor se puede armar un plan de trabajo que permita verificar la demora en recorrer todos los cuarteles y el momento en el que se debe reiniciar la operación.

Importante: para todos los casos de uso de herbicidas, la velocidad del viento no debe ser superior a 10 km/h y las temperaturas de aplicación deben ser menores a 25 °C. Nunca deben combinarse con urea ni gas oil. Iniciar el control de malezas con 5-10 cm de altura con una cobertura del 100% de la superficie.
  


Figura 2. Plantas envejecidas, con signos de déficit hídrico y presencia de cañota.



Figura 3. Hoja con síntomas de deficiencia de magnesio.


Figura 4. Brote con crecimiento activo en otoño – signo de desequilibrio.



Figura 5. Plantas nuevas con braceros enmaderados.



Figura 6. Plantas de la variedad Fiesta con signos de buena expresión vegetativa y brotes de más de 2 m de longitud.



Figura 7. Labranza tradicional para control de malezas.



Figura 8. Planta con signos de intoxicación con cloro por déficit hídrico.


Figura 9. Retortuño o espina blanca: maleza indicadora de sales en el suelo.



Figura 10. Hoja con signos de ataque de peronóspora en estado detenido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario